LA IMPUNIDAD DE LA MUJER por Eduardo Buero
eduardobuero Marzo 1st, 2010
LA IMPUNIDAD DE LA MUJER
Estaba en mi auto, estacionado enfrente de mi casa, eran cerca de las 22 hs, día sábado, estaba esperando a mi esposa que viniera para salir a cenar y de pronto veo en la esquina a una pareja de mas o menos 30 años de edad, ambos vestidos como para una fiesta, él de traje oscuro y corbata celeste, ella con vestido rojo, largo, con escote amplio y espalda libre mas amplia todavia, muy elegantes,…..discutiendo….
En realidad ella estaba discutiendo y el solo escuchaba sorprendido y avergonzado por los gritos que yo no escuchaba pero veia claramente con los gestos de los brazos de ella que parecía que estaba en el medio del océano ahogándose y la boca abierta como si estuviera gritando un gol.
Escena patética, nerviosa, estaba un poco lejos para saber si habia algo de lágrimas.
De pronto la imagen y el lenguaje de los cuerpos me dicen que ella lo rechaza, le entrega algo que podria ser las entradas a la fiesta y le “dice” con los brazos como que vaya solo y hace el gesto ”que se vaya” con ambos simultáneamente.
Al hombre, ya a esa altura lo sentia como a un amigo en problemas, veo que se dió vuelta como un perrito con la cola entre las patas y se fue caminando doblando la esquina, solo, a paso lento, mirando al piso…..
Simultáneamente la mujer se quedó en la esquina, cubierta por la ochava, “matando hormigas con los tacos”, cara de angustia extrema y ahora si, seguro llanto.
Desde mi ángulo de visión los veia a ambos, él que caminaba cada vez mas despacio y cada dos pasos se daba vuelta y ella que comenzaba a trasladarse de una punta a la otra de la ochava sin doblar la esquina.
Por supuesto yo, siguiendo la escena tan atentamente que hasta queria acercarme a decirles algo, aunque la verdad es que en estos casos me parece que ante un tercero los conflictos se potencian porque las partes comienzan a justificar su actitud y por lo tanto se iba a complicar mas.
Luego de decidir no participar empecé a tomar distancia de la escena e imaginé qué le hubiera dicho a ella, quien era la que estaba mas descontrolada, por ejemplo:
“Disculpeme señorita, quizas tenga toda la razón para estar asi enojada, pero se vistieron tan lindos para la fiesta, seguro estuvieron como una hora preparándose, porque no la disfrutan y luego en su casa conversan sobre el problema?”
Bueno, mientras imaginaba eso veo que hay mas movimiento en la escena, ella comenzó a caminar rumbo a su hombre con las manos tomadas delante de su cuerpo a la altura de su vientre y mirando el piso. Él se frenó y la esperó, algo le dijo con expresión de contención, y cuando ella estaba casi al lado, él que era un poco mas alto que ella la abrazó “envolviéndola” con una ternura envidable, entiendo que ella estaba llorando intensamente sobre todo cuando estaba en sus brazos.
Él trató de consolarla pero algo dijo que generó nuevamente la ira de ella, se desprendió bruscamente de los brazos de él y empezó a “nadar de nuevo gritando otro gol”. En fin, segundo acto. Él nuevamente impabido testigo de los gritos mirándola azorado por tener enfrente una fiera indomable por lo menos sin un buen cachetazo que por supuesto no corresponde dárselo.
Justo mi señora me golpeó el vidrio para que le abra la puerta del auto, subió y nos fuimos. Pensé en contarle la escena pero preferí ir a cenar en paz porque seguro él iba a terminar siendo el culpable de una infidelidad descubierta en esa esquina cuando quizas estaban discutiendo que los ravioles de la mama de ella estaban pegoteados en el almuerzo del domingo anterior. Nunca lo sabremos.
Pero yo, entre semáforo y semáforo seguí pensando, que, seguramente fue una discusión tonta porque si hubiera sido realmente en serio ella se hubiera ido.
Siguiendo el razonamiento, si no fue algo serio, porqué siempre un escándalo por algo que no es tan importante.
Y continuando la escena en la parte que no vi, me imaginé que apenas ingresaron a la fiesta ella se olvidó de todo y el hombre estuvo con taquicardia toda la noche, no probó bocado, no quiso bailar, no pudo disfrutar.
Podemos agregar que ella bailó con sus primos, con los mismos que jugaban al doctor de chica mientras él se sentiría que era solo el chofer de la ambulancia.
En fin, esto se llama solamente impunidad. Impunidad para hacer bolsa a la pareja, con razón o sin razón, olvidarse enseguida y seguir como si nada y el otro queda destruido como el Coyote luego de perseguir al Correcaminos. Con el corazón abierto y herido por largo tiempo.
Impunidad para reaccionar a la máxima explosión siempre, aunque sólo sea por una toalla mojada sobre la cama.
Impunidad para romper -no es el verbo exacto- una noche, un dia, toda una vida, sin castigo, sin pena, porque después todo “sigue igual” hasta la próxima histeria. Y si se te ocurre decir algo sos vos el que exagerás.
Se que este relato es machista y seguramente injusto, pero cuántos se ven identificados, no?